Caminaba envuelta de la espesa niebla del alma adolorida
Los árboles apenas vestían algunas hojas entre anaranjadas y negruscas…a punto de despedirse de las ramas que le vieron nacer.
Su rostro maquillado de melancolía observaba el mundo con resignación.
Estaba como fuera del mundo, pero observadora. Frágilmente fuerte…fuertemente frágil.
Mientras llegaba al parque, la ciudad y sus ruidos avanzaban en su rutina, otros seres que a su alrededor pasaban continuaban insertos en el bullicio. Al llegar, como siempre busco la banqueta de madera frente a los juegos infantiles, allí, en la soledad de la tarde fría de invierno, inmóvil se quedo, mientras una lagrima lentamente avanzaba por su mejilla, toco su vientre y una sonrisa ilumino su rostro.
miércoles, 21 de mayo de 2008
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